Continuidad a lo positivo

Por: Ana Helvia Quintero

Diciembre 2012

En un articulo de El Nuevo Día (14 de noviembre de 2012), la Dra. María Luisa Recurt, planteaba que el gobierno entrante debía romper esquemas y por ejemplo “si hay programas que el incumbente anterior comenzó y que valen la pena, denle continuidad…” Este es un principio que debía ser la práctica generalizada en nuestro país. El no hacerlo nos ha privado de iniciativas muy valiosas que estamos hoy reinventando. Por ejemplo, recientemente participé en una jornada en honor al Dr. Salvador Padilla, quien fue director de la Escuela Graduada de Planificación de la UPR en Río Piedras . En la misma se discutieron las aportaciones del Dr. Padilla en varios campos, entre ellas las dirigidas a los desertores escolares. Al escuchar la descripción de los programas que desarrolló Padilla, observaba en la práctica muchos de los principios que estamos ahora proponiendo. De no haber echado por la borda estos programas hoy no tendríamos que estar reinventándolos.

De hecho, si vamos un poco más atrás, bajo la dirección de Quintero Alfaro, Subsecretario del 61 al 65, y Secretario del 65 al 69 se establecieron programas muy interesantes para atender a los desertores escolares. Se crean unos centros de estudio y trabajo que Quintero describe en su libro Educación y Cambio Social en Puerto Rico (1972, reditado en 2007):

Es decir, mientras se atendía a la juventud desempleada, que había fracasado en la escuela o para los cuales la escuela fracaso, desarrollaría un sistema complementario, articulado, pero independiente del sistema escolar, que pudiera servirle aproximadamente a la mitad de la matricula potencial de jóvenes de 15 a 18 años.

El programa consistiría en una serie de Centros Regionales que ofrecieran un programa de estudio mucho más flexible y variado, junto con experiencias de trabajo y un programa de orientación personal intensa. En el programa de estudios no había cursos ni requisitos fijos. Había más bien atención individualizada, de la cual la facultad derivaba programas aceptados a

las necesidades particulares de cada estudiante.” (Quintero Alfaro, 1972: 81-83). Un cambio político en el 1968 llevó a que se descontinuaron los Centros de Estudio y Trabajo.

Es interesante observar como estas iniciativas, las del Dr. Padilla y las de Quintero Alfaro, integran los elementos que más tarde forman el concepto de los programas de desarrollo saludable: trabajan en forma integrada el desarrollo académico con los aspectos socio- emocional y las experiencias de trabajo. No volvamos a cometer el mismo error, mantengamos todo lo positivo sin importar que partido lo iniciara.

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