Tendiendo puentes con la juventud
Por: Ana Helvia Quintero
Profesora UPR-RP
1 de agosto de 2003
En el artículo Desface de las instituciones educativas planteé que las instituciones educativas se tornan cada día más ajenas a la realidad de los jóvenes. Así, mientras el joven vive en la cultura del espectáculo, la escuela y la universidad trabajan en la cultura del libro. Es necesario tender puentes entre estas dos culturas. Por un lado, es preciso conectar con el joven, partir de sus visiones e inquietudes, para integrarlo en el mundo de lo conceptual, lo analítico y lo reflexivo. Es necesario también que examinemos los contenidos y formato de las instituciones educativas para adecuarlos a las realidades de hoy.
En estos días se publicó la noticia de las grandes ventas de la entrega más reciente de las obras de Harry Potter. Los jóvenes, acerca de quienes se dice no quieren leer en la escuela, están devorando este libro. En el mismo reportaje se decía que las casas editoras se mostraban esperanzadas que el interés en la lectura de esta obra se transfiera a otras obras literarias.
Podemos apreciar en este evento la clave para tender puentes con la juventud: tomemos como punto de partida sus vivencias, intereses y preocupaciones.
En un reciente artículo en este diario, sobre la telenovela El Clon, la profesora Sylvia Álvarez Curbelo, ilustra como muchas de las actividades de la cultura del espectáculo se prestan para el análisis y la reflexión. Estas además movilizan la energía emotiva hacia el aprendizaje, puesto que lo afectivo es indispensable para desplegar las potencialidades cognoscitivas.
Investigaciones recientes sobre el desarrollo cognoscitivo muestran la conexión estrecha de lo afectivo y lo cognoscitivo (vea por ejemplo el libro de Damasio, A.R. El error de Descartes. La emoción, la razón y el cerebro humano). Grandes pensadores y científicos han reconocido lo importante de las emociones en su búsqueda intelectual. Reconociendo esta realidad Einstein plantea: “El arte más importante del maestro es provocar alegría en la acción creadora y en el conocimiento”.
Experiencias, tanto universitarias como escolares, confirman las posibilidades de partir de los intereses de los estudiantes y de la energía emotiva positiva que esto genera para conectar con las áreas de estudio. Por ejemplo, hace unos años participé en un proyecto en el cual el actor y profesor universitario José Félix Gómez, desarrolló un taller de teatro con jóvenes de la Escuela Superior Berwin. En el taller los estudiantes creaban la obra que luego iban a representar. Los temas que surgieron reflejaban sus vivencias y preocupaciones. José Félix logró que los estudiantes vieran la necesidad de conocer sobre historia y sociología de Puerto Rico para comprender mejor la temática que ellos mismos habían escogido. Les hizo ver también la necesidad de poder expresarse correctamente, y del valor de la lectura para ampliar sus alternativas de temas y sus conocimientos sobre los mismos. El taller no sólo tenía asistencia casi perfecta, sino que al reconocer la importancia de las otras asignaturas, llevó a que mejorara la asistencia de las mismas, por parte de un grupo escolar que con frecuencia incurre en el ausentismo.
En la universidad también existen cursos que partiendo de los intereses de los jóvenes logran desatar entusiasmo hacia el estudio, el análisis y la reflexión. El año pasado fui testigo de un proyecto de esta índole en el curso de química orgánica ofrecido por la Dra. Ingrid Montes. El curso exige un proyecto de grupo donde los estudiantes investigan un tema que ellos seleccionan. Ejemplos de temas que han escogido los estudiantes son ¿Es adictivo el chocolate?, ¿cómo explicarlo a partir de los componentes químicos?; ¿Tiene alguna base química la efectividad de las plantas medicinales de nuestros abuelos? Al final del semestre los estudiantes presentan sus trabajos en el vestíbulo de la Facultad de Ciencias Naturales y explican sus proyectos con interés y orgullo. No sólo demuestran su conocimiento de la química, sino que perfeccionan su expresión oral y escrita, desarrollan destrezas de trabajo en equipo y una actitud emprendedora.
Estos ejemplos muestran cómo al partir de sus intereses el estudiante se conecta con los saberes y conocimiento con un alto nivel de excelencia. El integrar las experiencias e intereses de los jóvenes a las clases, además de ser una forma de tender puentes, prolonga su aprendizaje, y la actitud reflexiva y analítica a sus vivencias, tan importante para mejorar la calidad de vida. Los prepara para analizar el currículo de la sociedad. Así por ejemplo, el tomar de tema las novelas o programas de la televisión del momento, puede llevar a que los estudiantes tomen una actitud más crítica ante las imágenes y mensajes de los contenidos de la televisión, del cine y otros medios del espectáculo.
Ahora bien, en algunas ocasiones el estudiante tiene toda la razón en no interesarse en los contenidos que se les enseña. Hay contenidos en el currículo que tienen hoy la misma pertinencia que en la época de Platón, pero con diferentes significados para la sociedad de hoy. Hay otros contenidos, sin embargo, que han perdido su pertinencia. Por ejemplo, en el área de matemática enfatizamos el aprendizaje de los cálculos y algoritmos que hoy realizan las calculadoras y computadoras, pero, apenas dedicamos tiempo al análisis de información cuantitativa, tan importante para tomar decisiones en nuestros días. En todas las áreas académicas hay contenidos curriculares que están realmente obsoletos, o que no hay la necesidad de que todos los estudiantes los aprendan. Es urgente hacer un análisis profundo y sincero para identificar los contenidos que realmente son necesarios, y evaluar la forma y el momento en que se enseñen.
Nosetrata,pues,desustituirlareflexión,elesfuerzoyelanálisis,porlaemoción,el placer y el interés, sino que movido por la expectativa del placer y del interés, se asuma el esfuerzo, la reflexión y el análisis, con la emoción que estas conllevan.