Otra ruta al mejoramiento escolar
Por: Ana Helvia Quintero
3 de marzo 2007
En estas últimas semanas se ha estado discutiendo la situación de las escuelas que por seis años consecutivos no han podido cumplir los requisitos de aprovechamiento académico dispuestos por la ley federal, “No child left behind”. Es necesario trabajar con estas escuelas, pero considero equivocado la estrategia que hasta el momento se ha utilizado para lograr su mejoramiento. Para comenzar la estrategia actual parte del señalamiento de la escuela como un fracaso. Esto por sí conlleva una actitud derrotista de la comunidad escolar. La ruta hacia el mejoramiento debe partir de la actitud contraria, de un ambiente de entusiasmo, de motivación y de alegría. Segundo, se propone ayudar la escuela a través de entidades externas que traen soluciones pre-hechas, sin considerar la realidad de cada escuela.
El reportaje del Nuevo Día sobre la Escuela Benita González Quiñones muestra otra ruta al mejoramiento: una directora entusiasta que supo concertar el apoyo de la facultad y de la comunidad escolar, para que se diera “el apoderamiento de la escuela por parte de los maestros, los padres y los estudiantes”. Como bien plantea el Editorial del Nuevo Día del sábado 10 de febrero de 2007 debemos utilizar experiencias como ésta para apoyar las escuelas en mejoramiento. De hecho, mi experiencia en diversos proyectos me indica que una forma de conseguir un ambiente de energía positiva es trabajando en equipo de escuelas que compartan sus éxitos y preocupaciones. A través de la reflexión compartida y del valor del ejemplo, se motivan las escuelas a mejorarse. El proceso de reflexión, a su vez, promueve un ambiente de aprendizaje que apoya a cada escuela a construir su propia solución.
El ambiente de entusiasmo, motivación y alegría debiera ampliarse al sistema educativo.
Para esto es necesario atemperar los reglamentos y las estructuras del Departamento de Educación para que identifiquen, apoyen y multipliquen iniciativas positivas. Existen en el sistema muchas iniciativas valiosas que se quedan en el anonimato. Estas podrían ser semillas de procesos de mejoramiento que partieran de la motivación. La literatura reciente apunta las posibilidades del distrito escolar reformado como centro de intercambio, motivación y aprendizaje para las escuelas. Al momento el Departamento de Educación, en colaboración con
organizaciones sin fines de lucro y universidades, está desarrollando una iniciativa Agenda Sistémica de Transformación Escolar (ASTE) que interesa explorar esta idea. Se está trabajando en tres distritos y sus escuelas para investigar en la acción la estructura y funciones que debe tener el distrito para convertirse en agente de cambio y centro de apoyo para el mejoramiento de sus escuelas.
La discusión hasta el momento señala algunas de las características de un distrito efectivo. Una es la de apoyar el intercambio de prácticas exitosas entre escuelas lo cual promueve un ambiente de entusiasmo y aprendizaje. Otra es una estrategia utilizada por la superintendente de Cayey, la profesora Edna Fuente de convertir a directores y maestros con creatividad y liderato, en mentores de otros directores y maestros, multiplicando así los recursos del distrito. Otra estrategia efectiva la utiliza el superintendente de Maunabo, el profesor José L. Cruz Arroyo, para apoyar las transiciones entre los diferentes niveles escolares, en donde sabemos que más ocurre el rezago y la deserción. Con el apoyo de la Alianza Metropolitana de San Juan se ha desarrollado una comunicación efectiva entre los maestros de los diversos niveles. Juntos están trabajando un mapa conceptual de cómo desarrollar las competencias y conocimientos a través de los diversos grados y niveles escolares. Esta estrategia surgió del maestro Edwin Crespo, que participa en el Proyecto Alacima. Otra estrategia de un distrito efectivo es la de buscar el apoyo de la comunidad. Así, la superintendente de San Juan I, la profesora Ana E. Marrero Ramos, recaba el apoyo de entidades sin fines de lucro y universidades a una Alianza de la comunidad, que interesa trabajar en mejorar sus escuelas. Vemos en las iniciativas de estos tres superintendentes elementos que deben configurar el distrito escolar del nuevo siglo. Un distrito que identifique fortalezas las comparta, promueva que las escuelas construyan sus alternativas, busca el apoyo de la comunidad, de las empresas y las universidades a estas alternativas; un distrito emprendedor que motiva y evalúa, que apoya y pide cuentas.
Multipliquemos estos distritos en el sistema educativo y veremos como las escuelas mejoran.