Las escuelas superiores para el nuevo milenio

Por: Ana Helvia Quintero

junio de 2008

Un artículo de la Fundación Bill and Melinda Gates, titulado, Las escuelas superiores para el nuevo milenio, Imagine las posibilidades plantea que la escuela superior actual se basa en un modelo escolar desarrollado a principios del siglo 20 que ha perdido su pertinencia. Es interesante que la estrategia que proponen para el desarrollo y diseminación de un nuevo modelo tiene mucho en común con la propuesta de las escuelas de iniciativas que impulsé mientras estaba en el Departamento de Educación. La propuesta consiste en crear un grupo de escuelas con apoyos especiales que experimenten nuevas alternativas y luego sirvan para mostrar el camino a las otras escuelas.

Ahora bien, el experimentar alternativas no es un proceso al azar. Se basa en las necesidades de nuestra sociedad civil, de su economía, en la investigación pedagógica y en experiencias educativa de éxito. Por ejemplo, el modelo actual de escuela superior va dirigido a preparar al estudiante para la universidad. Ahora bien, un grupo sustancial de los estudiantes de escuela superior no continúan estudios universitarios, por lo tanto, no están siendo atendidos apropiadamente por este modelo. De hecho, aún los estudiantes que prosiguen estudios universitarios encuentran su educación de escuela superior poco interesante y, en ocasiones, limitada para las competencias que necesitan en la universidad. Esta situación no era tan problemática en la era industrial, en la cual la mayoría de los empleos no necesitaba una preparación de nivel secundario. La nueva economía requiere que la gran mayoría de los estudiantes salgan preparados, ya sea para proseguir estudios post secundarios, como para trabajar en oficios que requieren destrezas técnicas y cognoscitivas de alto nivel. Nuestra realidad social también requiere una ciudadanía bien preparada.

Necesitamos pues un nuevo modelo de escuela superior. La Fundación Gates nos propone unas nuevas 3’R; un currículo Relevante; un ambiente donde se dan Relaciones significativas y un trabajo académico Riguroso. Mi experiencia en el Proyecto CASAS, en Nuestra Escuela, me confirma la necesidad de estas nuevas 3’R.

Comencemos con la segunda R, un ambiente que propicia Relaciones significativas. La experiencia en Nuestra Escuela me ha enseñado lo fundamental de este elemento. Las relaciones significativas fomentan el desarrollo social y emocional del estudiante, lo cual, a su vez, apoya el desarrollo de la identidad del joven. En Nuestra Escuela observamos cómo jóvenes que habían abandonado la escuela retoman con interés y dedicación el trabajo académico. Un factor esencial para este cambio es un ambiente que propicia que el joven descubra sus posibilidades, y a partir de ahí defina sus metas futuras. Así, una vez el estudiante define su vocación, pone gran esfuerzo en adquirir las competencias académicas que le permiten lograrla. Las competencias académicas toman relevancia para sus planes. Un reto que tenemos los educadores es cómo a partir de unas competencias necesarias para todos, podemos construir diversas rutas para llegar a ellas de acuerdo con los intereses y necesidades de los diversos estudiantes.

Otra tarea necesaria es desarrollar experiencias que apoyen al estudiante a explorar su vocación. En Nuestra Escuela hemos visto que la experiencia de trabajar es muy positiva para este propósito; les aclara sus posibilidades y les abre alternativas. La escuela superior Cristo Rey que desarrollaron los Padres Jesuitas en Chicago para estudiantes hispanos es otro excelente ejemplo de la virtud de las experiencias de trabajo en apoyar a definir la vocación. Para pagar la matrícula de esta escuela se hicieron arreglos con empresas y oficinas gubernamentales de la ciudad de Chicago de manera que los estudiantes fuesen a trabajar un día a la semana. Con el importe del trabajo se costeaba la matrícula, ya que los estudiantes son de familias de pocos recursos. Parte del currículo se dedicó a preparar a los jóvenes para su trabajo. Lo interesante de este experimento fue que el trabajo no sólo apoyó económicamente a la escuela, sino que fue fundamental en que los jóvenes mejoraran su autoestima y descubrieran el mundo de posibilidades que les abría la educación. Un componente, pues, que debe tener el nuevo modelo de escuela superior es ofrecer al estudiante experiencias reales dónde pueda ir descubriendo y definiendo su vocación. Estas experiencias también les dan sentido y relevancia a sus estudios.

Es preciso repensar yambién la labor académica, entre otras cosas, preguntándonos: ¿qué contenidos son necesarios hoy?; ¿cómo presentarlos?; ¿a quién presentarlos? Comencemos con los contenidos que son necesarios enseñar. Tomemos un ejemplo de la matemática. Con lo

accesible hoy de las computadoras y calculadoras es preciso repensar la enseñanza de cómputos y procesos que las calculadoras y computadoras realizan. Por ejemplo, si ya estas máquinas realizan la suma, resta, multiplicación y división, no debemos dedicar tanto tiempo a enseñar la parte mecánica de las mismas. Debemos más bien apoyar a que se entiendan con sentido, se sepan las combinaciones básicas y se puedan estimar los resultados. El tiempo que ganamos en este proceso lo podemos dedicar a contenidos que apenas toca el currículo, como la estadística, que es tan importante hoy para entender muchos asuntos que afectan nuestras vidas. En cada materia escolar debemos hacer un análisis similar de los contenidos que es necesario enseñar, es preciso dejar a un lado los aspectos mecánicos y los datos e información excesiva, que ya fácilmente accedemos a través de las redes electrónicas. Por otro lado, debemos presentarle a los estudiantes, las preguntas y discusiones que se dan en las diversas disciplinas. Además de repensar las materias en el currículo, debemos repensar qué materias debe incluir el currículo.

Por ejemplo, la necesidad de ampliar la enseñanza de las artes.

En cuanto a cómo enseñar, es preciso enseñar con sentido, enfatizar la interpretación, la comprensión y la evaluación. Las destrezas se deben enseñar en contexto, con sentido y en el momento en que son de mayor beneficio al estudiante y no como fórmulas que hay que memorizar y aplicar sin saber por qué ni para qué.

Finalmente, es preciso que repensemos si es necesario enseñar los mismos contenidos a todos los estudiantes. En todas las materias hay contenidos que todos debemos conocer, hay también temas que sólo necesitan las personas que se van a especializar en esa área. Hasta la escuela intermedia el currículo sería similar para todos, enfatizando los contenidos que todos debemos conocer. Una vez el estudiante defina su vocación podríamos crear rutas en la escuela superior para atender la variedad de inclinaciones. Ahora bien, se mantiene siempre la puerta abierta para que el estudiante que interese cambiar de ruta haga un esfuerzo especial para capacitarse para la misma. A partir de las rutas, la enseñanza de las materias tendría diversos énfasis. Por ejemplo, en matemática podríamos tener una variantes para los universitarios en áreas poco cuantitativa (por ejemplo: literatura, sociología, arte) en la cual se darían unas nociones generales de álgebra, pero no se entraría en toda los procedimientos y reglas, como por ejemplo factorizar polinomios; y otra variante para los universitarios en áreas cuantitativas (por ejemplo ciencias naturales, empresas, economía, lingüística) en la cual se ofrecerían estos procedimientos, siempre cuidándonos de no caer en ofrecer demasiadas fórmulas e información que puedan acceder en libros o medios electrónicos.

En la escuela superior se iría también trabajando la transición a la próxima etapa. Por ejemplo, los estudiantes en la ruta universitaria comienzan a tomar cursos en las universidades. Los estudiantes con interés técnico pueden hacer internados en las industrias o en instituciones tecnológicas post secundarias, en donde podrían familiarizarse con las nuevas tecnologías que las escuelas superiores no pueden costear.

La diversificación del currículo contribuye también a fomentar el orden y rigor en la escuela. Los maestros saben cómo los estudiantes sin interés, ni habilidad en un área de estudio incurren en comportamientos que distraen la clase, y estorban a los talentosos en esa materia a desarrollar sus habilidades y lograr niveles de excelencia. También saben cómo cuando un joven tiene interés en una tarea se esfuerza por lograrla. Debemos pues permitir que florezca la diversidad de talentos de los estudiantes, y no tratar de amoldarlos a un mismo patrón donde todos no caben.

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