La mitad olvidada: los desertores escolares

Por: Ana Helvia Quintero

7 de febrero 2003

Una de las preocupaciones mayores de los puertorriqueños es la violencia y la criminalidad. A pesar de los intentos, en muchos casos con la mejor buena fe, de las diferentes administraciones gubernamentales, no logramos reducir la tasa de ocurrencia de éstas. Entiendo que gran parte de la dificultad en resolver este problema estriba en el modo de intervención que enfoca en los síntomas y no la enfermedad.

El problema de la violencia es muy complejo e inciden sobre el mismo muchos factores. En este artículo me limitaré a analizar cómo la educación puede apoyar a mejorar el ambiente de convivencia social. Estudios sobre la violencia apuntan a la frustración como una de sus raíces. La frustración, a su vez, tiene diversas causas: la marginación, la desigualdad, el rechazo a lo diferente, la falta de oportunidades efectivas. Así por ejemplo, cuando la persona percibe que lo que hace no tiene valor o sentido, se suscitan reacciones de malestar y violencia contra sí y contra los demás. Si por el contrario, se sabe que posee talentos que son valorados se afirma su dignidad como persona. ¿Cómo apoyar a que la persona descubra y desarrolle sus talentos?

Esta es una tarea en que todos tenemos que aportar. Como padres, debemos ofrecer a nuestros hijos alternativas que les permitan descubrir sus talentos, y luego apoyarlos a que los desarrollen. En ocasiones esto requiere que dejemos a un lado nuestras ilusiones y permitamos que crezcan las de ellos. Debemos recordar que la felicidad no la da ni el dinero, ni la posición social, sino trabajar en algo que uno disfruta. Recuerdo siempre el consejo que ofrece a los estudiantes mi colega Molinelli: “estudia lo que tu harías de gratis”.

Como “prójimo”, en las diversas fases de nuestras vidas, debemos siempre reconocer los talentos de los demás y apoyar el que estos florezcan. La escuela también debe apoyar al estudiante a encontrar su vocación y a desarrollar las competencias que ésta requiere. Esto es muy fácil decirlo pero muy complejo lograrlo. De hecho, podríamos decir que en esta tarea, nuestro sistema escolar fracasa al menos con la mitad de sus estudiantes, ya que

aproximadamente la mitad de los estudiantes que comienzan en primer grado se dan por vencidos con la escuela.

Las estadísticas sobre la deserción escolar en los pasados treinta años han oscilado alrededor del 50 porciento. Esta población joven constituye la mayor parte de la fuerza laboral que se clasifica como ociosa. Además, la mayoría de los jóvenes en instituciones carcelarias, de custodia, y de terapia para la adicción a drogas dejaron la escuela, sin completar la escuela superior. En efecto, la mayor parte de los jóvenes en nuestras cárceles son desertores escolares, estudiantes a quién la escuela no les abrió posibilidades.

Corrientemente se justifica esta situación caracterizando a estos jóvenes desertores como personas problemáticas. Compartiendo con jóvenes desertores en las cárceles, a través del Programa de Confinados Universitarios que dirige el padre Fernando Picó, y con jóvenes desertores fuera de la cárcel, en el programa Nuestra Escuela, que dirige Justo Méndez Aramburu, he visto otra cara de esta juventud. Muchachos ingeniosos, deseosos de superarse, en busca de un mejor futuro que la sociedad muchas veces le cierra. Tenemos que preguntarnos cómo desarrollar alternativas que permitan que ese ingenio, inteligencia y energía, puedan sobreponerse a los muchos problemas que tienen la mayor parte de estos jóvenes y así se dediquen a tareas que enriquezcan nuestra sociedad en lugar de menoscabarla. Mi experiencia trabajando en proyectos con desertores me muestra que esta no es tarea fácil, pero que es indispensable si interesamos mejorar la calidad de vida de nuestra sociedad.

En el proceso de buscar alternativas para estos jóvenes es necesario comenzar por examinar por qué tantos niños y jóvenes se dejan la escuela. Se necesita estudiar con profundidad las causas de la deserción hoy. En el programa Nuestra Escuela, que mencioné anteriormente, hemos iniciado un análisis con los jóvenes del programa sobre las razones que los llevaron a dejar la escuela. Hemos encontrado que las razones que aducen son muy similares a las que encontró un estudio sobre la deserción que realizó el Departamento de Educación en 1988: la falta de pertinencia y conexión del currículo con sus intereses y experiencia de vida, y muy entrelazado con éste, la relación de tensión con los maestros. En cuanto al currículo escolar, observamos que hay una brecha en los significados de los temas del currículo con las percepciones y vivencias presentes de sus vidas. Consideran que lo que se enseña en la escuela no tiene pertinencia ni utilidad para su vida. Esto coincide con los testimonios de unos jóvenes

al historiador y educador Fernando Picó según lo expuso en su libro Vivir en Caimito con expresiones como las siguientes: “Esas maestras lo que quieren es mandar a uno…no me gusta…te enzorras”; “La escuela hoy en día ya no enseña ná”; “La mejor escuela que hay en el mundo es la calle.”

Encontramos también unos jóvenes que han sido lacerados emocionalmente en sus vidas que los llevan a un comportamiento antagónico a la cultura escolar. La mayoría de estos jóvenes viven desde su niñez en un ambiente de violencia en el círculo familiar; violencia física y sicológica entre sus padres, y hacia ellos. Esto lleva a que en las clases se desenvuelven con violencia emocional que se vuelca contra el maestro, que a su vez responde en forma agresiva y hostil hacia el joven. El rechazo por parte del maestro y la estigmatización a que somete al estudiante por su fracaso genera una violencia emocional interna mayor que lleva al joven al rechazo del maestro y de la escuela en general, lo que genera un círculo vicioso de estigmatización del maestro y rechazo al estudiante, y reacción de hostilidad y violencia por parte del estudiante. Hay que romper este círculo vicioso, es necesario desarrollar una cultura de paz en las experiencias de estos jóvenes. Cómo lograr esto será el tema de los próximos artículos.

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