Los contenidos de la educación
Por: Ana Helvia Quintero
7 de noviembre de 2002
En esta serie de artículos he argumentado por la necesidad de un cambio de concepciones sobre la educación. Una de las concepciones que es necesario cambiar es pensar que los contenidos de la enseñanza son sagrados y que una buena educación tiene que enseñar los temas que a nosotros nos enseñaron. Un examen de los temas que se han escogido como centrales en diversas épocas históricas nos muestra lo equivocado de esta concepción. Así un análisis de la historia de la educación en occidente nos deja ver como los contenidos y su énfasis ha ido cambiando en diversas épocas. Por ejemplo, en la era Romana cuando surge por primera vez el vocablo “artes liberales” las mismas estaban constituidas por la gramática, la cual incluía la enseñanza de la literatura, así como del lenguaje; la aritmética; la geometría; la astronomía; y en algunas ocasiones la música. Si continuamos analizando los contenidos que se han incluido en las “artes liberales” vemos como los mismos han ido transformándose a través de la historia.
Tenemos pues que entender que los contenidos no son sagrados, sino que dependen de las realidades de la época y del perfil del ciudadano que interesamos.
Nos debemos entonces preguntar si los contenidos del currículo actual atienden las necesidades de nuestra realidad y apoyan el desarrollo de ciudadanos que aporten a la calidad de vida de nuestra sociedad. Esta es una pregunta que requiere una discusión amplia que va más allá de lo que podamos analizar en este artículo. De hecho, al considerar la misma lo que intereso es argumentar que esta revisión es necesaria y apuntar diversas dimensiones que ésta debe atender.
Los niños y los jóvenes tienen grandes inquietudes e intereses. Sin embargo, el currículo actual no atiende la mayor parte de estas. Por otro lado, los aburre con contenidos que rápidamente olvidan y que poco aportan al desarrollo del pensamiento. Esto no tiene que ser así. Es, pues, necesario que hagamos una revisión profunda de los contenidos, y el énfasis, de los mismos en los cursos escolares y universitarios.
Otra dimensión desde la cual tenemos que revisar los contenidos es la del desarrollo cognoscitivo. La visión del aprendizaje que guía el currículo escolar postula que la construcción
del conocimiento sigue el estilo lineal, esto es se parte de las partes más sencillas y se van construyendo los conceptos más complejos. La investigación en el desarrollo cognoscitivo presenta otra visión del desarrollo de nuestro conocimiento. Para comenzar, se ha planteado que los conceptos que son simples analíticamente no necesariamente son simples cognoscitivamente. Por ejemplo, en la geometría los conceptos de línea, plano y punto son simples analíticamente, son los conceptos que se utilizan de base para definir todos los otros conceptos de la geometría euclidiana. Sin embargo, al niño se le hace más sencillo entender el concepto de triángulo, el cual podemos definir a base de los conceptos de línea y punto. El estudiante ha tenido mayor experiencia informal con triángulos que con puntos y líneas. Estos últimos son construcciones matemáticas, más abstractos cognoscitivamente. Así la lógica del aprendizaje no es la misma que la lógica de la disciplina bajo estudio. De hecho, la lógica del aprendizaje corresponde más a la historia del desarrollo de los conceptos de la disciplina. El estudiar el desarrollo histórico de los conceptos ilumina el estudio del desarrollo conceptual en los niños. A partir de esta realidad se debe revisar los contenidos y su orden en la enseñanza.
Otra dimensión conforme a la cual tenemos que revisar los contenidos es que atienda la diversidad de talentos y mentalidades de los estudiantes. Un sistema público y universal de enseñanza atiende a una población escolar de todos los estratos sociales, de comunidades económicas y socialmente diversas: clases profesionales y medias; trabajadores; grupos de bajos ingresos y sectores excluidos del mercado de empleo. Las mentalidades también son variadas, producto de una herencia histórica y cultural tanto como de experiencias presentes en condiciones sociales y económicas heterogéneas.
Con algunos grupos de la población escolar la escuela ha sido relativamente efectiva. No debemos olvidar los reconocimientos en ferias científicas, certámenes literarios, exposiciones de artes o conciertos musicales, algunos en foros internacionales. Ahora bien, la escuela ha tenido dificultad en apoyar a un grupo de estudiantes en encontrar un espacio saludable en nuestra sociedad. En su mayoría, estos estudiantes reflejan los índices más bajos de aprovechamiento y alta incidencia de fracasos en las clases y deserción escolar. La mayor parte de estos estudiantes ve la labor escolar como algo engorroso, a lo cual hay que sobrevivir a base de bachata. El problema no es tanto de privación económica o cultural sino de mentalidades antagónicas. La escuela al imponer un currículo uniforme y un régimen de funcionamiento inflexible genera unos procesos conflictivos que tienden a repeler a estos jóvenes de los procesos de enseñanza. Así lo testimoniaron unos jóvenes al historiador y educador Fernando Picó según lo expuso en su libro Vivir en Caimito con expresiones como las siguientes: “Esas maestras lo que quieren es mandar a uno…no me gusta…te enzorras”; “La escuela hoy en día ya no enseña ná”; “La mejor escuela que hay en el mundo es la calle.”
Ante esta situación debemos desarrollar diversidad de alternativas para atender la variedad de intereses, habilidades y talentos de los estudiantes. Debemos tomar de ejemplo proyectos como el de Sor Isolina Ferré. Entre los componentes de este proyecto está el desarrollo de clubes con desertores escolares. A través del desarrollo de áreas de interés del joven, en la fotografía, la cría de caballos, el teatro, éstos se percatan de la importancia de los estudios, lo cual los motiva a terminar su escuela superior. La escuela debe también atender esta diversidad. Desarrollar un currículo diverso que permita que el estudiante explore áreas de interés o fortalezca sus talentos. Así un joven talentoso en matemática podría tomar pre-cálculo y cálculo en escuela superior; mientras que uno que le interese el arte puede explorar cursos en teatro, escultura, etc. Igualmente, estudiantes con interés vocacional pueden tomar cursos y talleres que los preparen para un empleo, al graduarse de escuela superior. Ahora bien, deben existir cursos requisito que aseguren que el estudiante desarrolle las competencias básicas que cualquier ciudadano debe dominar.
Todos hablamos de lo importante de un currículo pertinente, e inclusive señalamos áreas que ya hoy no tienen pertinencia, siempre fuera de nuestra área de enseñanza, pero cuando entra en discusión la pertinencia de lo que enseñamos saltamos a defenderlo sin hacer un auto examen objetivo del asunto. Así, mantenemos en el currículo temas de ninguna pertinencia, interés y necesidad para un gran número de los estudiantes y dejamos fuera áreas que los estudiantes ya están experimentando en forma informal y no les proveemos en la educación formal espacios para la reflexión sobre esas experiencias.