¡Saludos!
En este espacio deseo compartir con toda persona interesada en mejorar la enseñanza, ya sea en nuestras escuelas u otros ámbitos de aprendizaje, mi experiencia enseñando e investigando sobre el proceso educativo. Intereso que establezcamos un diálogo constructivo en el cual todos aprendamos.
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Marco curricular para la Escuela Elemental (hasta sexto grado) (tomado del Maine’s Common Core of Learning)
Las transformaciones sociales, económicas y culturales de las últimas décadas nos obligan a replantearnos nuestras concepciones sobre los procesos educativos, tanto a nivel pre-universitario como universitario. Esta necesidad no es, dicho sea de paso, particular a nuestro país. En Estados Unidos, tanto como en Latinoamérica y Europa, se identifican necesidades similares a las nuestras.
“No era tanto un problema de qué hacer, sino de cómo hacerlo. ¿Cómo dirigir el esfuerzo de manera que repercutiese y se multiplicase?”
Ángel G. Quintero Alfaro
En la escuela intermedia se comienza a dividir el día escolar en las materias escolares.
Experiencias en dos escuelas a nivel intermedio, la Escuela Manuel Elzaburu y Vizcarrondo, en Barrio Obrero (Fundación Quintero Alfaro, 1995) y la Escuela Berwind Intermedia, en el área Berwind de San Juan (Ramos, 2019), muestran lo efectivo de que las materias escolares giren alrededor de un tema o proyecto, que vincule la enseñanza al interés de los estudiantes.
En Puerto Rico, el proceso tradicional de proponer cambios educativos al sistema público es a través de leyes o por Cartas Circulares que bajan con directrices para todo el sistema. La historia nos demuestra que estos métodos no han logrado cambios sustanciales en la enseñanza. De hecho, en 1992, mientras dirigía el Centro de Investigaciones e Innovaciones Educativas, adscrita al Consejo General de Educación realicé un estudio sobre las investigaciones pedagógicas que hasta el momento se habían realizado en Puerto Rico (Quintero, 1996). Estas se podían dividir en dos categorías; aquellas que intentan dar una visión macroscópica del sistema de educación pública, tomándolo en su conjunto, y las que estudiaban algún asunto particular.
Todos coincidimos en que nuestro sistema educativo necesita un cambio. Tan pronto se propone un cambio sustancial todos saltan a oponerse. Siempre recuerdo cuando estaba de Sub Secretaria en el DE, que propuse un programa para la escuela superior que permitía diversificar los ofrecimientos a partir de los intereses de los estudiantes. Desde profesores en la UPR hasta grupos magisteriales saltaron a oponerse. Terminamos pues con lo mismo. Hace poco, viendo el programa de la escuela superior donde comenzó a estudiar mi nieta mayor, una de las mejores escuelas públicas de los EE. UU., vi con satisfacción lo mucho que se parece su programa al que yo proponía. A continuación discutiremos la propuesta.
A través de la historia se han dado varias revoluciones en la naturaleza del trabajo. La mayor parte de ellas conllevaron oposición y discordia ante la pérdida de empleos al implantar nuevas tecnologías. Por ejemplo, las protestas de los artesanos ante la industrialización y la producción en masa. Ante la pérdida de empleos, considero que la actitud más saludable es la de Suecia. Su lema no es salvar empleos, sino a los trabajadores. Entienden que con la nueva tecnología a la vez que se pierden empleos, surgen oportunidades, y lo que se requiere es reeducar a las personas. Así la educación es fundamental para prepararse ante los cambios en la tecnología.
Nuestro sistema educativo es uno muy complejo, con una diversidad de desafíos. Acertadamente la nueva Secretaria, Dra. Gloria Baquero, ha expresado que el sistema escolar debe centralizar su gestión en el mejoramiento de la enseñanza. Para esto, es necesario dar prioridad a los esfuerzos y recursos dirigidos a los procesos de intercambio entre el maestro y el estudiante en el salón de clases. Por años nos ha guiado la idea de que el problema principal del sistema educativo es la excesiva centralización del Departamento de Educación. Si estudiamos la Ley de Reforma Educativa del 1990, así como sus enmiendas en el 1993 y 1999, observamos que el foco principal de todas ellas es la organización administrativa y la distribución del poder.
Las transformaciones sociales, económicas y culturales de las últimas décadas nos obligan a replantearnos nuestras concepciones sobre los procesos educativos, tanto a nivel pre-universitario como universitario. Esta necesidad no es, dicho sea de paso, particular a nuestro país. En Estados Unidos, tanto como en Latinoamérica y Europa, se identifican necesidades similares a las nuestras.
En un articulo de El Nuevo Día (14 de noviembre de 2012), la Dra. María Luisa Recurt, planteaba que el gobierno entrante debía romper esquemas y por ejemplo “si hay programas queel incumbente anterior comenzó y que valen la pena, denle continuidad…” Este es un principio que debía ser la práctica generalizada en nuestro país.
Hay un consenso general de la necesidad de desarrollar para el sistema educativo una estructura administrativa ágil y eficiente. Al igual que es necesario un cambio en la concepción sobre el aprendizaje y la enseñanza, es necesario una transformación en los principios y metáforas que guían la organización administrativa para adecuarla a la realidad educativa.
Desde hace años se ha planteado la dificultad que encuentran muchos estudiantes en la transición entre escuela superior y los estudios post secundarios. Dado que cada vez más estos estudios son más necesarios para el desarrollo económico y social de nuestro país, es imperativo trabajar en apoyar al estudiante en esta transición.
Las transformaciones sociales, económicas y culturales de las últimas décadas nos obligan a replantearnos nuestras concepciones sobre los procesos educativos, tanto a nivel pre-universitario como universitario. Esta necesidad no es, dicho sea de paso, particular a nuestro país. En Estados Unidos, tanto como en Latinoamérica y Europa, se identifican necesidades similares a las nuestras.
Un artículo de la Fundación Bill and Melinda Gates, titulado, Las escuelas superiores para el nuevo milenio, Imagine las posibilidades plantea que la escuela superior actual se basa en un modelo escolar desarrollado a principios del siglo 20 que ha perdido su pertinencia. Es interesante que la estrategia que proponen para el desarrollo y diseminación de un nuevo modelo tiene mucho en común con la propuesta de las escuelas de iniciativas que impulsé mientras estaba en el Departamento de Educación. La propuesta consiste en crear un grupo de escuelas con apoyos especiales que experimenten nuevas alternativas y luego sirvan para mostrar el camino a las otras escuelas.
En mi artículo Hacia conquistas para el magisterio planteé que es preciso redefinir la relación entre la gerencia del Departamento de Educación (DE) y los maestros. De hecho, para que se genere una relación productiva es necesario ir más profundo y repensar los esquemas de autoridad y liderato que subyacen estas relaciones. La estructura administrativa del DE, una sumamente jerárquica y centralizada, corresponde a una visión de la enseñanza basada en la transferencia de información.
“Cuando yo estaba en la escuela elemental, yo era una estudiante de A. Pero cuando llegué a la intermedia, empecé a unirme con un corrillo y faltábamos y nadie nos decía nada. Así empecé a bajar las notas, hasta que tuve que dejar la escuela”
En estas últimas semanas se ha estado discutiendo la situación de las escuelas que por seis años consecutivos no han podido cumplir los requisitos de aprovechamiento académico dispuestos por la ley federal, “No child left behind”. Es necesario trabajar con estas escuelas, pero considero equivocado la estrategia que hasta el momento se ha utilizado para lograr su mejoramiento. Para comenzar la estrategia actual parte del señalamiento de la escuela como un fracaso. Esto por sí conlleva una actitud derrotista de la comunidad escolar. La ruta hacia el mejoramiento debe partir de la actitud contraria, de un ambiente de entusiasmo, de motivación y de alegría. Segundo, se propone ayudar la escuela a través de entidades externas que traen soluciones pre-hechas, sin considerar la realidad de cada escuela.
Entre las concepciones que tenemos que cambiar está la misma concepción sobre el cambio. Ilustraré mi punto en el área educativa, pero entiendo que el argumento es muy parecido en otras áreas del quehacer social.
Las transformaciones sociales, económicas y culturales de las últimas décadas nos obligan a replantearnos nuestras concepciones sobre los procesos educativos, tanto a nivel pre-universitario como universitario. Esta necesidad no es, dicho sea de paso, particular a nuestro país. En Estados Unidos, tanto como en Latinoamérica y Europa, se identifican necesidades similares a las nuestras.
La situación por la que pasa nuestro país nos debe llevar a una reflexión profunda, personal y colectivamente, sobre nuestros valores, actitudes y prácticas en las diversas áreas del quehacer de la sociedad. En muchas de ellas necesitamos cambios profundos. Por ejemplo, desde hace décadas se reconoce la necesidad de un cambio en nuestro sistema educativo. Como planteo en mi libro hemos tenido “Muchas reformas, pocos cambios”. En el libro se analizan diversas causas por las cuales no se da un verdadero cambio. Una de ellas es que cambiamos los términos con los cuales denominamos las prácticas, pero nuestras concepciones y prácticas se mantienen básicamente igual.
El 21 de agosto en la sección de arte y cultura del Nuevo Día se publicó el interesante ensayo de Mayra Santos Febres, Memorias del “Mall”. La reflexión final de la autora tiene gran pertinencia para la situación de estrechez fiscal que atraviesa actualmente nuestro país. Luego de contar sus experiencias como adolescente en el “Mall”, entre ellas como lloraba por no tener el dinero para comprar todo lo que necesitaba para ser una chica “cool”, nos dice: “Ahora doy las gracias por esas carencias. Me obligaron a inventarme otra manera de ser”.
La Asociación de estudiantes puertorriqueños de Harvard y MIT está organizando una conferencia sobre cómo restablecer el desarrollo económico de Puerto Rico. En esta actividad se llevará a cabo un diálogo sobre nuestros problemas y posibilidades con miras a proponer y desarrollar alternativas. Una de las alternativas que ya ellos auguran es que la educación apoye la creación de un ecosistema emprendedor donde florezcan alternativas sociales, culturales y económicas.
Las transformaciones sociales, económicas y culturales de las últimas décadas nos obligan a replantearnos nuestras concepciones sobre los procesos educativos, tanto a nivel pre-universitario como universitario. Esta necesidad no es, dicho sea de paso, particular a nuestro país. En Estados Unidos, tanto como en Latinoamérica y Europa, se identifican necesidades similares a las nuestras.
Nuestro sistema educativo es uno muy complejo, con una diversidad de desafíos.
Acertadamente la nueva Secretaria, Dra. Gloria Baquero, ha expresado que el sistema escolar debe centralizar su gestión en el mejoramiento de la enseñanza. Para esto, es necesario dar prioridad a los esfuerzos y recursos dirigidos a los procesos de intercambio entre el maestro y el estudiante en el salón de clases. Por años nos ha guiado la idea de que el problema principal del sistema educativo es la excesiva centralización del Departamento de Educación. Si estudiamos la Ley de Reforma Educativa del 1990, así como sus enmiendas en el 1993 y 1999, observamos que el foco principal de todas ellas es la organización administrativa y la distribución del poder.
Las transformaciones sociales, económicas y culturales de las últimas décadas nos obligan a replantearnos nuestras concepciones sobre los procesos educativos, tanto a nivel pre-universitario como universitario. Esta necesidad no es, dicho sea de paso, particular a nuestro país. En Estados Unidos, tanto como en Latinoamérica y Europa, se identifican necesidades similares a las nuestras.
En el artículo Desface de las instituciones educativas planteé que las instituciones educativas se tornan cada día más ajenas a la realidad de los jóvenes. Así, mientras el joven vive en la cultura del espectáculo, la escuela y la universidad trabajan en la cultura del libro. Es necesario tender puentes entre estas dos culturas. Por un lado, es preciso conectar con el joven, partir de sus visiones e inquietudes, para integrarlo en el mundo de lo conceptual, lo analítico y lo reflexivo.
En la búsqueda de alternativas educativas para jóvenes desertores nos topamos con varios escollos en la cultura escolar. Estos escollos se hacen más evidentes al buscar posibilidades para los jóvenes desertores, pero igualmente afectan la experiencia de todos los estudiantes. Uno de estos es el desfase de la cultura escolar con la vida cotidiana de los estudiantes. No hay duda que la escuela ha cambiado, pero no al ritmo, ni a tenor con los cambios culturales, provocados por la tecnología y las nuevas visiones de mundo y del conocimiento. Así la cultura escolar se hace cada día más ajena a la realidad de los jóvenes.
Las transformaciones sociales, económicas y culturales de las últimas décadas nos obligan a replantearnos nuestras concepciones sobre los procesos educativos, tanto a nivel pre-universitario como universitario. Esta necesidad no es, dicho sea de paso, particular a nuestro país. En Estados Unidos, tanto como en Latinoamérica y Europa, se identifican necesidades similares a las nuestras.
Una de las preocupaciones mayores de los puertorriqueños es la violencia y la criminalidad. A pesar de los intentos, en muchos casos con la mejor buena fe, de las diferentes administraciones gubernamentales, no logramos reducir la tasa de ocurrencia de éstas. Entiendo que gran parte de la dificultad en resolver este problema estriba en el modo de intervención que enfoca en los síntomas y no la enfermedad.
Hay un consenso sobre la importancia de la educación para el desarrollo de una sociedad saludable. Nos debemos preguntar, ¿es la educación que se necesita la que se está ofreciendo en nuestras instituciones educativas?